lunes, 14 de mayo de 2018

Cómo planificar un menú semanal (¡con imprimibles!)

Mi madre jamás ha planificado un menú.
Es de ese tipo de personas que procura tener de todo en casa (congelador a tope, frigorífico a tope, no perecederos a tope) para poder preparar una comida en el momento que lo decida, que suele ser el último momento.

Cuando dejé de vivir en su casa tampoco es que a mí me saliese de forma natural.
Como no me gusta tener demasiadas cosas en casa (porque acabas comiéndolas cuando ya llevan días ahí solo para evitar que se estropeen) hacía la compra el día antes, y día a día me organizaba.

Pero cuando me fui a vivir con mi pareja al entrañable pueblo en el que él trabajaba me encontré con la curiosa situación de que no había casi posibilidad de comprar productos frescos variados.
Él solía bromear diciendo que el supermercado Día (el único que había) era tan pequeño que más que un día era una hora; la pescadería solo tenía producto fresco una vez por semana, y la verdura y la fruta eran escasísimas porque las gentes de la zona acostumbraban comprarla en la feria semanal de un pueblo cercano.

Así que empecé a preparar un menú.

Ya han pasado años, nuestras circunstancias han cambiado varias veces, nuestros horarios aún más, y sigo planifincando las comidas con antelación.
Porque así tengo una lista de la compra ajustada, sé exactamente lo que necesito.
Porque no compro de más, y así evito estropear comida.
Porque no compro de menos, y así evito ir corriendo al súper a comprar tal o cual ingrediente para una receta.
Porque no tengo que comerme la cabeza cada día para decidir que voy a hacer.
Porque puedo preparar platos de antemano, o sacar platos ya congelados, o utilizar mi slow cooker, o buscar la alternativa que quiera para los días más complicados.


Cómo planificar un menú


1) Menú semanal o mensual


Lo típico es hacer un menú semanal o mensual.
No hay uno mejor que otro, por más que haya quien diga que tiene que ser sí o sí de una forma concreta.
Y si quieres utilizar una frecuencia distinta, tampoco pasa nada. Por ejemplo, si trabajas con turnos cambiantes quizás te convenga cada dos semanas. O lo que sea.

En mi opinión, lo idóneo es localizar la frecuencia con la que quieres hacer la compra de productos no perecederos.
La típica compra "grande" en la que también compras productos de limpieza e higiene. Así puedes hacer una lista de la compra ajustada a tu menú y comprar todas las cosas que puedas almacenar hasta el momento de ser usadas.
Yo por ejemplo prefiero comprar los productos frescos a minoristas (pescadería, carnicería, frutería) pero todo lo demás lo adquiero semanalmente.

2) ¿Qué día empieza tu semana?


La mía empieza en sábado. ¿Raro? Práctico.
Hacemos la compra el viernes por la tarde, así que tiene sentido tener ya elaborado el menú de la siguiente semana y adquirir todos los ingredientes necesarios.
Así que mi semana "de menú" va de sábado a viernes.

Con un menú mensual, pues lo mismo.
Independientemente de a qué caiga el día 1 del mes, vas a hacer la compra tal o cual día.
Un menú que vaya desde el primer fin de semana de este mes hasta el primer fin de semana del siguiente podría funcionar perfectamente.


Por eso he hecho dos versiones diferentes de una hoja de menú semanal.
El menú del ejemplo va de lunes a domingo pero también he hecho exactamente el mismo formato de sábado a viernes.

Si tener un menú en papel no te convence, también es cómodo utilizar una hoja de cálculo.
A la de Google Sheets se puede acceder via web y también a través de una app del móvil. Muy práctica.

3) Haz un borrador de menú


Las decisiones de los primeros pasos deberían ser fáciles, lo complicado viene ahora.
Se trata de hacer un menú sin platos concretos, solo con tipos de platos que vas a hacer cada día.

Por ejemplo, nosotros hacemos una comida fuerte (carne, pescado, legumbres) a mediodía. A la noche cenamos más ligero (verduras, arroz, pasta).
Como cada una tiene sus costumbres, el pescado fresco no se compra el lunes (pues las lonjas no abren) así que ese día es un candidato perfecto para hacer unas legumbres en la CrockPot y encontrarlas recién hechas al llegar a casa.

También reservo algunos días para comer comida casera congelada. Sin más explicaciones.
Como con frecuencia cocino doble y congelo, al hacer el menú sé que siempre puedo salvar los días de la semana más complicados con una comida que no tengo ni que preparar.
Hace poco os hablaba del inventario del congelador. Pues eso. Lo que lleve más días congelado va para el menú de la próxima semana. Cero complicaciones, ni para decidir ni para preparar.

Y así, día a día y comida a comida.

Lo importante en el borrador del menú es pararse a pensar cuáles son las necesidades reales de organización en nuestra casa (horarios, quién va a cocinar ese día, etc.).
Poco a poco lo iremos perfilando, pero al hacer este ejercicio previo nos quitamos un montón de trabajo a la hora de hacer el menú de cada semana.

4) Prepara el menú de la próxima semana


Necesitaremos tener presente (mental o físicamente, yo lo tengo en papel porque mi memoria no da para virguerías) la organización familiar de la semana, porque no es lo mismo que haya festivos, que los peques tengan alguna actividad extraordinaria o nosotros algún plan que no entre dentro de la rutina.
Me llama la atención de que generalmente cuando se habla de menús nadie menciona este detalle, pero para mí es fundamental porque siempre siempre hay alguna cosa que no encaja al 100% con nuestra rutina preestablecida. Sobre todo cuando se tienen hijos.

Y, por supuesto, el borrador, que para algo lo hemos hecho.
Vamos rellenando los huecos que encajan y luego los de esas comidas afectadas por planes especiales.
Planificamos sobre todo comidas que nos salen bien, que sabemos que en casa gustan. Probar cosas nuevas es genial, pero creo que es prudente probar solo un par de platos nuevos a la semana para evitar andar de agobio en agobio si no salen como estaban previstas.

5) Y un truquito.


Es buena idea tener más de una hoja de menú a mano.

Resulta que estamos decidiendo qué receta vamos a hacer para un día concreto. Yo que sé, el día de carne voy a preparar albóndigas. Ah, no, espera, que ese día es festivo y cierra la carnicería, voy a dejar un guiso preparado el día anterior.
Pues no descartes las albóndigas, apúntalas en la semana siguiente. Es un plato que te apetecía, por eso has pensado en él aunque ahora no se ajuste del todo bien.

Lo mismo cuando ves una receta que te apetece probar (en un blog, en un libro de recetas, en la tele). La guardas... y la olvidas.
Si de verdad es apetecible búscale ya mismo un hueco en el próximo menú. O en el siguiente. Así te aseguras de hacerla de verdad.
Y si no te apetece tanto como para incluírla ya en el menú, ni te molestes en guardarla. ¿Para qué? ¿Para tener cien mil recetas que no vas ni a mirar una segunda vez?

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