miércoles, 30 de agosto de 2017

Las vacaciones pasan factura

Las vacaciones se acaban, y es el momento de volver a casa, de volver a la rutina (más o menos). Y de volver a subirnos a la báscula.
¡HORROR! ¿PESO TODO ESTO?
¿Pero quién me mandaría a mí? Si ya sabía que había ganado mucho peso, mira que tengo ganas de fustigarme cifrándolo en una cantidad.



Pues sí, en estas vacaciones he engordado mucho. Muchísimo. Más de 6 kilos.

Es algo cíclico, cuando por fin consigo estar más o menos a gusto con mi peso, nos vamos de vacaciones y vuelvo a engordar.
Pero es que esta vez es una barbaridad.

Me declaro culpable. Culpable de avalanzarme sobre las numerosas viandas que se nos han ofrecido. De no saber decir que no a golosina alguna que se cruza en mi camino. De haber optado en cada ocasión por lo más palatable aunque sea menos saludable. De escudarme y excusarme por "estamos de vacaciones" y "total por una vez no pasa nada".

Así que por un lado me alegro de que se hayan acabado las vacaciones.
Volvemos a nuestra casa, donde intentamos mantener las tentaciones a raya, donde el café no se acompaña ni de churros ni de croissants, donde no hay helados en el congelador, donde los yogures son naturales... porque si en casa no hay tentaciones es más fácil tener fuerza de voluntad.

Y así, poco a poco, deshacernos de los malditos kilos que se nos han acumulado tan tontamente este verano.
Pero temiendo ya que las vacaciones de invierno sean un poco más de lo mismo.
¡Que la fuerza me acompañe!

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